Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh)


La Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh) es la más antigua asociación estudiantil de Chile. La FECh nace en los albores del Siglo XX, el 21 de Octubre de 1906, como símbolo del espíritu libertario de la juventud chilena, nació para defender los derechos y representar las opiniones de los estudiantes de la Universidad de Chile, no obstante en sus comienzos agrupó a todo tipo de estudiantes más allá de la casa de Bello. Presidida por el estudiante de Medicina José Ducci, y apoyada fervientemente por el entonces Rector Valentín Letelier, desde sus inicios trascendió al quehacer cotidiano de la universidad, dedicándose a la asistencia educacional, médica y legal de la clase obrera y de los sectores más postergados de la sociedad.
Desde 1907 organizó las primeras manifestaciones estudiantiles en las que cuestionó incluso al propio rector Letelier. En 1911 la organización apoyó al académico alemán Max Westenhofer de la Facultad de Medicina, cuando este fue expulsado de la Universidad y del país, por escribir un polémico documento (El Informe Westenhofer), donde criticaba la precaria situación en que vivía la clase obrera de Chile.
En 1913 organiza grandes manifestaciones públicas para oponerse al arribo a Santiago del prelado de la Iglesia Católica, Monseñor Sibilia (por las opiniones de este, en el conflicto del Caso Tacna y Arica entre Perú y Chile) lo que significó un distanciamiento del establishment oligárquico y un paulatino acercamiento a los grupos de izquierda y anarquistas que gobernaron la Federación entre 1918 y 1922.
La Convención Estudiantil de la FECh, realizada en junio de 1920, elaboró su Declaración de Principios. Esta estableció para todo su accionar una escala progresiva de valores: Individuo, Familia, Patria y Humanidad. La menor importancia dada a los conceptos de familia y patria trastornó al elemento conservador de la sociedad chilena de principios de siglo.
Las conclusiones sobre la cuestión social, la orientación internacional pacifista, la acción organizada del proletariado y su frontal ataque al sistema capitalista, molestaron a las clases dominantes. El senador Enrique Zañartu, diría en el Senado y en la prensa: “el que tales principios sustenta debe envejecer en la cárcel hasta morir en ella”, y, “lo que es contrario al régimen capitalista es contrario a los intereses nacionales”.
En esos tiempos, cada año al llegar octubre la Federación organizaba la Fiesta de la Primavera, celebración que movilizaba no sólo a los estudiantes de Santiago, sino que a todos los pueblos de provincia. Se realizaban los “Juegos Florales”, concurso literario donde obtuvieron sus primeros premios jóvenes que luego serían grandes poetas: Gabriela Mistral en 1914, con los “Sonetos de la Muerte”, Pablo Neruda en 1921, con “Canción de la Fiesta”.
La situación política coyuntural era del interés permanente del estudiantado, llegando a elevados niveles de enfrentamiento, como fue el caso de ” la Guerra de don Ladislao”: un posible enfrentamiento con Perú destinado a elevar el nacionalismo, distrayendo así la atención de la ciudadanía sobre la candidatura de Alessandri Palma.
La FECh denunció que todo era una “farsa”, por lo que fue duramente criticada por los periódicos: “La actitud antipatriótica de la FECH”, publicó “Las Últimas Noticias”;”¡A Lima! ¡A Lima! Es la voz que se ha oído en las imponentes manifestaciones patrióticas”, diría la Revista Zigzag.
El 21 de julio de 1920 es asaltado y saqueado del Club de la Federación, que se había trasladado a la primera cuadra de Ahumada. Los estudiantes que se encontraban en el interior debieron huir por los techos para evitar ser alcanzados por las balas. Una turba rompió muebles y libros los que fueron quemados en plena calle. También destruyeron la Imprenta Numen, que editaba la Revista “Claridad”.
En los días siguientes, las cárceles se llenaron de estudiantes. En “el proceso a los subversivos”, cae Domingo Gómez Rojas, que enloquece en la cárcel a causa de las torturas. Más tarde, fue encerrado en la Casa de Orates donde murió después de 4 meses, a los 23 años de edad.
Desde Salamanca, España, Miguel de Unamuno le escribiría a la FECh: “He visto que se acusa de vendidos a la plata peruana. No podían acudir a otra argucia. Es la de todas partes. Estos accionistas del patriotismo no se explican actitud ninguna sino por el dinero, su único Dios”.
En 1924 se produce el Golpe Militar de Carlos Ibáñez del Campo. Los estudiantes, se unen a obreros y otros sectores saliendo a la calle logrando derribar la dictadura, caída que también está relacionada con la crisis económica mundial del año 29.
En los años 30, con el surgimiento del Frente Popular el año 36, se produce un gran movimiento cultural y artístico, que tiene su base en la Universidad de Chile. El Teatro Experimental, la Orquesta Sinfónica, el Ballet, en fin, la extensión cultural, son impulsados por los estudiantes y por un rector radical que había sido nombrado rector tras varias jornadas de presión estudiantil, Don Juvenal Hernández.
El movimiento estudiantil se alinea en un pacto social de cambios para el país que englobaba a los estudiantes. Éste dura hasta el gobierno derechista de González Videla. En esos tiempos, en la dirección de la Fech se suceden presidentes de todas las tendencias. Entre los 50 y los 60 el movimiento estudiantil se consolida como un actor político nacional indiscutido.
Con los inicios de la TV en Chile, la FECh logra un espacio en el canal 9 (actual 11) de la Universidad de Chile. Eran 25 minutos ocupados por los estudiantes para tratar temas universitarios, informar sobre las actividades de la Federación, realizar foros, etc.
Hacia 1960, la universidad poseía un marcado carácter clasista y elitista en su composición social. El gobierno universitario era ejercido únicamente por los profesores “titulares de cátedra”. Tras largos debates y elaboraciones, los estudiantes exigieron un ingreso más amplio y una estructura más democrática de gobierno y una academia más actualizada. Eran demandas parecidas estaban a las de los años 20.
Los años 1967-68 encuentran a todas las universidades agitadas en torno a estos temas: las huelgas por la reforma comenzaron primero en la Universidad Católica de Valparaíso y de Santiago, en la U. F. Santa María, la U. Técnica (actual USACh), y en la Facultad de Filosofía y Educación de la Chile, parte de la cual era el Pedagógico. La Reforma universitaria consolidó a la Universidad de Chile como el eje cultural de discusión crítica de la Nación. Ello la convirtió en el blanco preferencial de la dictadura.
La designación de José Luis Federici en 1987 como Rector Delegado por la dictadura militar generó uno de los conflictos más grandes y difíciles que enfrentó la comunidad universitaria. La presión estudiantil y académica se manifestó de diversas maneras. Como la acción realizada por alumnos de Derecho, los que, mientras el decano Hübner se enfrentaba a más de 250 alumnos en una espontánea asamblea, sacaron los muebles del decanato y con mucho cuidado los pusieron en la misma disposición en el patio de la Facultad. Federicci, más molesto que el propio Hübner, decretó el cierre de esa escuela hasta el 6 de diciembre.
La movilización de toda la comunidad y la Federación logra finalmente que Federicci se vaya, asumiendo el Rector Juan de Dios Vial Larraín, quien “normaliza la situación”, reincorporando a los profesores exonerados, pero sin cambiar el modelo de universidad de mercado, impulsado por sus antecesores.
Con la llegada de los gobiernos civiles, surgió la esperanza por parte de los estudiantes de que la FECh se abocaría al necesario proceso de redemocratización al interior de la U y de revisión de las políticas educacionales dejadas por Pinochet. Muy por el contrario, los dirigentes de la Federación de aquel período estuvieron lejos de ese objetivo. A esto se sumaron manejos administrativos y financieros viciados que la hicieron protagonista de más de un escándalo público. La FECh se sumió paulatinamente en una crisis que finalmente fue terminal, sin embargo, la principal causa de ésta fue el alejamiento total entre las directivas y sus políticas, y las bases, expresado en el cierre de la Federación por falta de quórum en la elección de finales de 1994.
En 1995 se constituyó una FECh Refundacional y Transitoria, con Rodrigo Roco como presidente, la que debía llevar a cabo un Congreso Estudiantil para elaborar los nuevos Estatutos y Declaración de Principios de la organización, replanteando la esencia de la misma. Más de 2.000 estudiantes marcharon a la Moneda, a los pocos días de electa esta primera Fech, para expresar su descontento con las políticas educacionales del Gobierno. En marzo del 96, la Federación se tomó la Radio de la U, para evitar su venta. La FECh participa activamente en la reconstrucción del movimiento estudiantil en todo el país, a través de la CONFECH, y en la proposición de una plataforma de cambios para la educación universitaria chilena.
En 1997 la FECh asumirá un rol protagónico en el que constituye el primer gran hito del ciclo de luchas contra el modelo ideado por la dictadura. Esa masiva movilización nacional de los universitarios se sostuvo sobre dos pilares: Financiamiento (que se traducía en la demanda de arancel diferenciado) y Democracia (reforma a los estatutos de la Universidad). Estas fueron las primeras demandas que tuvieron la fuerza para volver a movilizar a los estudiantes, a medida que se disipaba la promesa de los cambios que traería el retorno a la democracia. La demanda por democracia volvería a aparecer con fuerza el año 2002, tras el cual se logra un acuerdo en torno a los nuevos estatutos para nuestra Universidad, los cuales entrarían efectivamente en funcionamiento el año 2005.
En los años sucesivos la Federación siempre ha sido un actor partícipe, en conjunto con otros que han ido surgiendo, en los diferentes hitos y movilizaciones de la década de los 2000. El 2005 nos debimos enfrentar a la propuesta de Ricardo Lagos, y su ministro de educación Sergio Bitar, de fundar el Crédito con Aval del Estado (CAE), en un conflicto fue de enormes proporciones, pero en ese entonces solo los estudiantes de universidades tradicionales estaban organizados, y no existía casi alianza con el mundo privado, por lo cual lo que finalmente se terminó consiguiendo fue un sistema de créditos especiales para los estudiantes de las universidades tradicionales (el Fondo Solidario), mientras que los compañeros de privadas, CFT e IP quedaron sometidos a la durísima carga de endeudarse con bancos para poder estudiar.
También la Federación apoyó activamente la gran pelea que introdujeron los estudiantes secundarios el año 2006. Ya no se trataba de tal o cual modificación, o tal o cual demanda específica: los estudiantes y las familias chilenas salimos a la calle a pedir un nuevo modelo de educación, lo que se cristalizaba en la demanda de “No a la LOCE” (Ley Orgánico Constitucional de Enseñanza). Esta lucha marca, sin embargo, uno de los puntos más oscuros de la historia social chilena desde el retorno a la democracia, como lo fue el pacto entre Concertación y Alianza para aprobar la LGE (Ley General de Educación), traicionando el espíritu y las demandas de los estudiantes que se habían movilizado. Esa fue nuestra lucha el 2008, cuando intentamos, infructuosamente, oponernos a la aprobación de esta nueva ley, que cambiaba las cosas, para que todo siguiera igual.
El año 2011 la FECh fue un actor importante y partícipe activo del que fue el proceso de movilización más amplio y masivo de nuestra historia reciente, junto a estudiantes secundarios, profesores, y compañeros del mundo privado de educación que irrumpieron sin permiso en el escenario del movimiento estudiantil, con sus demandas y anhelos que también son los nuestros. Y por supuesto, junto a cientos de miles de chilenos, salimos todos a las calles demostrando el fracaso de este sistema educativo basado en el lucro y la competencia, así como el de una democracia antipopular y excluyente donde la voz de la gran mayoría de los chilenos queda relegada frente al consenso adoptado y defendido por unos pocos.
Esta historia y este conflicto siguen abiertos. Es responsabilidad de todos nosotros escribir las páginas que vienen, y continuar la lucha por un sistema de educación más justo, integrado, democrático y solidario, que nos permita construir un desarrollo de país para que todos vivamos mejor, y no solo unos pocos. La tarea es grande, pero a nuestras espaldas están todos los chilenos y chilenas que hemos luchado por una sociedad mejor.

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